Rasa mareal y acantilados de Algorri

La franja de acantilados que se describe en esta zona comienza en su sector occidental en el término municipal de Deba, y se extiende hasta la playa de Itzurun y punta Mariantón, de Zumaya, en su extremo oriental. Los taludes rocosos son casi verticales, y llegan a alcanzar alturas de hasta 150 metros.

 

Geología

 

Labarraren aztarnak

Vestigios del acantilado

 

Los materiales que afloran en este tramo costero se formaron entre el período Cretácico inferior (alrededor de 100 millones de años) y durante la Era Terciaria (alrededor de 50 millones de años). En esa época, el territorio guipuzcoano se encontraba sumergido y sometido a procesos de sedimentación marina. La presión y la temperatura del fondo del mar conformaron rocas que, tras ser plegadas y elevadas, quedaron sobre el nivel del mar expuestas al viento y a las olas que han modelado desde entonces el paisaje, conocido como Flysch. Los materiales del Cretácico inferior, que aparecen entre Deba y Aitzuri, están compuestos por areniscas, lutitas, calizas y calizas margosas. Desde Aitzuri hasta Algorri los materiales son del Cretácico superior y muestran margas y margocalizas. El último tramo, hasta la punta Mariantón, se compone de calizas, calizas margosas, margas, areniscas y lutitas del período Terciario.

Los fósiles (Ammonites y Bivalvos, entre otros) y las pistas y huellas de excavación o perforación humanas, subrayan la particularidad de estos acantilados. Cada capa de sedimentos, ahora verticales, es la página de un libro abierto que “narra” la historia de la vida en la Tierra. Geólogos y estudiosos de todo el mundo se acercan hasta aquí a desvelar sus secretos y a ayudar a comprender las razones de la desaparición de numerosas especies que poblaban el planeta hace 65 millones de años.

 

Sedimentu gorrixkak

Sedimentos rojizos

 

La erosión marina en esta zona ha sido intensa; durante los temporales, sobre todo en invierno, las partes bajas del acantilado se ven sometidas al embate continuo y violento de las olas y el viento, que poco a poco van desgastándolo, con lo que las capas superiores pierden su sustento y caen. Las capas litológicas más duras resisten formando las puntas o cabos, y las más endebles son literalmente comidas por el mar, dando lugar a amplias ensenadas.

Así, a lo largo de miles de años el mar ha ganado terreno a la tierra y ha dejado en la base del acantilado la evidencia de lo que fue una antigua montaña, la llamada plataforma de abrasión o rasa intermareal.

Pequeños valles surcados por riachuelos de corto recorrido, que antaño llegarían mansamente al mar, quedan hoy sostenidos a más de 10 metros de altura, formando cascadas o cayendo por las paredes del acantilado.


Flora y Fauna

 Urradura plataforma

Plataforma de abrasión

 

Al describir la flora y la fauna del área de Algorri, es necesario distinguir dos hábitat bien diferenciados: por un lado, las paredes del acantilado, y por otro, la plataforma, sometida a la acción diaria de las mareas.

En general, el talud rocoso, con fuertes pendientes y materiales quebradizos, no permite la formación de suelo. Además, la fuerza del oleaje lo arrastra y destruye las plantas con frecuencia. Tan sólo en las pequeñas grietas y repisas se instalan algunas plantas adaptadas a este entorno tan adverso.

En los rellanitos, las zonas de pendiente más suave y con menor influencia de la marea, donde el terreno permite una mayor acumulación de suelo, crecen pequeñas praderas salpicadas por ejemplares de plantas típicas de estos ambientes costeros.

 Otabera Genista hispanica

Retama, Genista hispanica

 

En la parte superior de los acantilados, donde la influencia marina se atenúa y los suelos están más desarrollados, se instalan matorrales de retamas y brezos (sobre todo, de la especie Erica vagans), acompañados por encinas y madroños de pequeña altura que responden achaparrándose a la presión de los vientos salinos que llegan del mar.

En lo que respecta a la flora de la plataforma de abrasión, destacan las algas, acompañadas de algún liquen resistente a la marea. En función del nivel de tolerancia de las algas a permanecer expuestas al aire libre, forman extensos cinturones en los diferentes niveles del intermareal.

El flysch costero constituye un paraje bastante inhóspito para las aves terrestres. La verticalidad de los estratos y su inestabilidad hacen que la observación de aves en el acantilado sea rara. Asimismo, pocas aves terrestres se aventuran en la rasa mareal y, si lo hacen, es para alimentarse en la cantidad de charcos que en ella se forman.

En cambio, para las aves marinas y algunos limícolas, la plataforma de abrasión alcanza un valor inestimable, brindándoles el sustento difícil de conseguir en las playas. Aquí ostreros, vuelvepiedras, andarríos chicos o falaropos, aprovechan los recursos de las rompientes de las olas y de los charcos.

 

Kaioa

Gaviota

Las aves marinas que más se inclinan por acercarse a esta zona costera son los colimbos, el cormorán grande, el alca o el arao, que durante el invierno se pasean por aguas costeras de la fachada cantábrica.

La fauna de la rasa mareal se caracteriza por su diversidad (más de 200 especies animales) y por la elevada densidad de ejemplares de especies concretas, así como por la presencia de representantes de la mayoría de grupos de invertebrados marinos.

 

Itsas mihilua Crithmum maritimum

Hinojo marino
Crithmum maritimum


Algunos poliquetos filtradores establecen estructuras arrecifales, y encontramos una fauna variada y rica en las oquedades que se forman. Son numerosas las poblaciones de moluscos, lapas, caracolillos y pulpos. Además, hay que destacar a los nudibranquios por su variada gama de colores y belleza.

Con todo, los crustáceos también suman una buena parte de los habitantes de la rasa; son frecuentes las quisquillas, los cangrejos porcelana, las nécoras, el agresivo cangrejo moruno, o el cangrejo sastre. Varias especies de estrellas de mar, y en especial, el erizo de mar común son especies abundantes en el área intermareal y en los charcos. En algunos de estos se pueden contabilizar hasta 600 erizos por metro cuadrado.

Las comunidades de peces intermareales presentan cierta singularidad en relación con otras zonas del litoral cantábrico. Los chafarrocas, las escórporas, los góbidos y los blénidos son moradores frecuentes de los charcos de la rasa.