Siguiendo el trazo de Beobide

13/03/2026

Zumaia ha dado multitud de artistas a lo largo de los siglos, y Julio Beobide (Zumaia, 1891-1969) es uno de ellos.

Nacido en el seno de una familia estrechamente vinculada al arte, fue el menor de cuatro hermanos. Uno de los mayores, Jose Maria Beobide, destacó como compositor y organista. Julio, por su parte, desarrolló su trayectoria en el ámbito de la escultura, realizando principalmente obras realistas de temática religiosa.

Desde muy joven comenzó a adentrarse en el mundo del arte, dando sus primeros pasos en como dibujante. Su primer contacto con la escultura se produjo a los 13 años en Barakaldo (Bizkaia), mientras estudiaba en la escuela de los salesianos. Fue allí donde empezó en a practicar la talla, con la ayuda del artista Francisco Asorey.

Al regresar a Zumaia, Beobide entabló amistad con el reconocido artista Ignacio Zuloaga. Aunque no compartían la misma manera de pensar, mantenían frecuentes tertulias sobre arte. Según recuerda la familia de Beobide, el escultor solía cruzar el río en barca para visitar a Zuloaga.

Beobide construyó la casa Kresala en el paseo que hoy lleva su nombre, y convirtió aquella vivienda en su taller y espacio de creación. Allí dio rienda suelta a su creatividad y realizó numerosas obras, en un entorno privilegiado junto al río y cerca del mar.

Hoy en día, el museo dedicado a Beobide se encuentra en la propia casa Kresala. En él pueden contemplarse varias obras del artista zumaiarra, así como algunos bocetos que permiten apreciar su proceso creativo.

Si deseas visitar y conocer la obra de Beobide, puedes hacerlo solicitando cita previa en el número de teléfono 659 26 87 98. Sin duda, se trata de un museo que merece la pena descubrir. Y es que la casa Kresala no solo alberga la obra de un artista; visitarla es también vivir de cerca una parte del arte vasco. La cercanía de la colección y el carácter íntimo del espacio permiten observar las piezas con calma y sumergirse en el universo del creador. Además, el ambiente especial de Zumaia —que combina mar, patrimonio y cultura— ofrece una experiencia completa y enriquecedora. Para cualquier persona interesada en el arte y en el encanto de la historia local, es una parada imprescindible.